Hoy toma el teclado Valeria para contarnos el desenlace de su primer tratamiento de reproducción asistida. Es un proceso tan largo, que produce tantos cambios en tan poco tiempo, que produce vértigo y te hace vivir nuevas experiencias de forma agolpada, una tras otra. Quiero aprovechar esta pequeña introducción para agradecer a Valeria su generosidad al compartir su historia y su lucha con todas nosotras. Y ahora sí, os dejo con su quinta colaboración con el fin del primer ciclo.

Después de la punción, como os conté en el post anterior, al día siguiente sobre las 11:30 de la mañana nos llamarón de la clínica, y nos comunicaron que sólo dos de los cuatro óvulos fecundados habían evolucionado. Al haber solo dos nos hicieron la transferencia el sábado (día 2 post punción), ya que era mejor transferirlos y que siguieran evolucionando en el útero.

Las indicaciones eran beber dos vasos de agua aproximadamente una hora antes, yo que ya me conozco, antes de salir a la clínica, media hora antes de la transferencia, me bebí una botellita pero la verdad que fue horrible porque se me llenó la vejiga demasiado y el trayecto a la clínica fue horroroso. Cuando llegamos a la clínica tuve que ir al servicio y vaciar un poco la vejiga.

Nos recibió el doctor en su consulta para comunicarnos que finalmente solo había evolucionado un pre-embrión. La noticia me dejó un poco fría pero pensé que teníamos al embrión así que ¡a por ello!. Enseguida entré a la habitación, me puse la bata, el gorro y las calzas y me llevaron a quirófano. Ya en el quirófano, tumbada en la camilla, entró una enfermera gritando mi nombre y después el médico, conmigo estaba otra enfermera. Una de las enfermeras se acercó a una ventanita que daba al laboratorio gritó mi nombre y una chica del laboratorio le dio la cánula y gritó el nombre de Oliver, confirmé que era mi pareja y el doctor cogió la cánula. La enfermera me dio gel en la barriga y empezó a realizar la ecografía, el doctor introdujo la cánula y me señalaron en el monitor para que viera como un puntito brillante salía de la cánula y ese puntito era nuestro pollito. Una vez que terminaron y extrajeron la cánula, me cerraron las piernas, me las pusieron en alto y me llevaron a la habitación, donde estaba Oliver esperándome, y allí me agarró la mano, me dio un beso y acarició mi barriga, una caricia diferente, que nunca antes había sentido de esa manera.

Cinco minutos después pasó una enfermera y nos dijo que esperáramos una media hora, iba a ser terrible, porque me hacía mucho, mucho, mucho pis, y a los 20 minutos tuve que llamar porque me orinaba encima, así que pude ir al baño. Después me dijeron que podía vestirme y esperar en la sala a que me llamará el doctor, que me daría unas indicaciones. Ya en la consulta el doctor nos dio un informe con los datos de todo el procedimiento los óvulos extraídos en la punción y el tamaño, datos del esperma de Oliver y datos de los óvulos fecundados y del después transferido.

Salimos de allí y nos fuimos a casa para pasar el día tranquilo. Comenzaba nuestra betaespera, volveríamos el día 10 de febrero para realizar el análisis.

Pasaban los días y la verdad que se hacían largos, a pesar de que intentas no pensar en ello, no haces más que darle vueltas. El día 8 post-transferencia por la noche me empezó un dolor muy fuerte la zona baja de la tripa y me subía hasta los riñones, pasé una noche horrible con muchos pinchazos y además del dolor empiezas a pensar qué será porque seguro que nada bueno. El lunes a primera hora fuimos a la clínica, no estaba mi doctor pero otro doctor muy agradable me examinó y me hizo una ecografía, me dijo que todo estaba bien, que era muy pronto para ver nada pero que parecía que había un saco gestacional, lo que sí me podía confirmar es que los dolores eran gases. Nos fuimos más tranquilos, aunque igual de dolorida.

El viernes 10 a las 8:30 estaba en la clínica para hacerme la beta. Después me fui a trabajar y el día se me hizo eterno. Cuando salí de trabajar me fui a comer cerca de la oficina de Oliver, cuando terminé de comer a las 16:00h me llamó el doctor, me comunico que el resultado había sido negativo, que dejara de tomar la medicación y que la semana siguiente se reunía el comité para hacer un pequeño estudio y ver cómo continuar el tratamiento. Enseguida llamé a Oliver y se lo conté, ese fue el momento más complicado, ya que le iba a decir que no había podido cumplir su ilusión. Él salió de la oficina, me abrazó y me dijo: “no te preocupes lo importante es que tu estés bien y fuerte”. Estuvo un ratito conmigo y después tuvo que volver al trabajo, yo me fui y me tomé una coca cola y un poco de jamón, pues llevaba desde el principio del tratamiento sin tomarlo. Hay que ver el lado positivo de cada cosa y todo se hace más llevadero.

El día 20 de febrero sabríamos lo que decidía el comité, mientras tanto había que volver a la rutina y recuperar aquellas cosas que había dejado de hacer.

 

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Valeria

Sobre Valeria

Me llamo Valeria, tengo 29 años, estoy casada con Oliver que tiene 31 y hace cinco meses me diagnosticaron baja reserva ovárica. Nuestra aventura para ser papis comenzó hace un año y medio, Quiero contarte nuestra historia de lucha por ser padres ¿me acompañas?

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