El otro día me acordé de cómo fue mi parto y me vino a la mente la siguiente cuestión: ¿me sirvieron las clases de preparación al parto para afrontar el gran momento? Sinceramente te diré que me costó un buen rato tener una respuesta clara y concisa al respecto.

Si has seguido mi embarazo, recordarás que te hablé de los temas que se hablaron en las clases de preparación al parto a las que yo asistí. En caso de que hayas aterrizado recientemente en el blog, no te preocupes que a lo largo de esta entrada rescataré los enlaces y los temas para poder responder a mi interrogante inicial de si me sirvieron las clases de preparación al parto el día 1 de enero de 2017. Que tiene guasa el asunto, dar a luz en domingo y super festivo, así nos las gastamos en está casa. Pero de las implicaciones que tiene nacer en fin de semana te hablo, si quieres, en otra ocasión.

Volviendo al interrogante que lanzaba al comienzo de esta entrada, primero voy a darte mi visión del tema explicándote, cómo percibo tras nueve meses después de haber dado a luz, el grado de utilidad de las clases de preparación al parto. Y después te contaré cuál es la percepción de otras mamás, gracias a su respuesta en las redes sociales.

¿Realmente me sirvieron las clases preparto para el momento de dar a luz?

La respuesta va más allá del sí o del no. ¿Por qué te digo esto? Porque partiendo de la base de que en las clases de preparación al parto las nociones son básicas y generales, y a sabiendas de que cada parto es distinto, es altamente probable que haya cosas que te pillen por sorpresa.

Por ejemplo, yo no tenía ni idea de que podía estar de parto sin haber expulsado el tapón mucoso ni haber roto la bolsa. Es una opción, seguramente menos común, que no escuché ni leí antes de ponerme de parto. De hecho, David y yo teníamos serias dudas de que realmente estuviera de parto, a pesar de llevar más de dos horas con contracciones cada cinco minutos. Como no dolían, no intuíamos que el trabajo de parto podía haber arrancado. Nos pilló por sorpresa, pero también es cierto que estábamos más tranquilos al pensar que podía ser una falsa alarma.

Sin embargo, mi ginecóloga privada se olía algo tras los primeros, y únicos, monitores a los que fui estando embarazada de 37+5. Me dio ciertas indicaciones que me hicieron llegar a pensar que estaba exagerando un poco. Pero aquel viernes 30 de diciembre de 2016 las contracciones irregulares ya asomaban por el aparatejo.

La respiración, mi gran aliada

Uno de los temas en los que más atención puse fue en el de la respiración durante las contracciones y la respiración durante el expulsivo. Es un tema crucial porque de tu consciencia a la hora de respirar de forma constante depende el bienestar de tu bebé, casi nada ¿sabes?.

El mejor consejo que pude recibir es que respirara como mejor pudiera durante las contracciones de la fase de dilatación. En ningún momento me puse nerviosa por si estaba haciéndolo de una manera determinada o no. Lo estaba haciendo, estaba respirando en cada contracción, ergo estaba oxigenando a mi bebé.

Respecto a la respiración durante la fase de expulsivo, reconozco que la cosa fue más caótica porque además de la respiración, había que canalizar los pujos, y no sentía una pierna. Siento que no pude controlar la respiración tanto y lo pasé mal pensando en que mi niña pudiera estar sufriendo las consecuencias. A pesar de haber hecho prácticas durante las clases de preparación al parto, a la hora de la verdad la situación era más compleja de lo que a simple vista parecía.

La epidural, cuando el efecto conseguido es anestésico en vez de analgésico

Las clases de preparación al parto me sirvieron para conocer la experiencia que otras mujeres embarazadas habían tenido en su primer parto con respecto a la epidural. No obstante, reconozco que por mucha información sobre este tema que puedas tener, la realidad es incierta. Y con esto no te quiero meter miedo, ni posicionarme sobre si es mejor parir con o sin epidural. Pero sí te puedo decir que mi experiencia con la analgesia epidural no fue muy buena.

El hecho de que se me durmiera por completo la pierna izquierda me complicó mucho a la hora de empujar. Sabía cuándo venía la contracción, pero no podía hacer fuerza con la pierna. Así que le tocó a mí marido encargarse de que mi pierna izquierda estuviera haciendo su labor. Este fue el principal motivo por el que se alargó la fase expulsiva un poco más.

Mirando con perspectiva, creo que no hubiera tenido problemas en aguantar las contracciones a pelo, sin epidural. Hago esta afirmación basándome en que lo que sentía en la pierna derecha era perfectamente llevadero. Pero en aquel momento decidí ponerme la epidural porque no sabía cuánto tiempo podría alargarse el parto, ya que aún no había roto aguas pero las contracciones eran muy intensas y cada dos minutos.

La lactancia, el lado oscuro de la maternidad recién estrenada

Envidio a las mujeres que tienen unos inicios de ensueño con la lactancia, básicamente porque mi experiencia fue mala. Y no por falta de información. En las clases de preparación al parto las explicaciones habían sido buenísimas. Pero, las matronas que me atendieron en el hospital casi se cargan la lactancia de golpe y porrazo. Nadie supo ver que yo necesitaba unas pezoneras porque la boca de mi hija era demasiado pequeña y no podía abarcar todo lo necesario para que no me destrozase el pezón. Se limitaban a decir que era normal que doliera. ¡Y una porra!. Eso, sumado a su bajo peso hicieron que recurriera a la persona que había llevado mi embarazo. Gracias a ella nuestra lactancia continuó en las primeras semanas de vida de nuestra pequeña.

Aunque, sin lugar a dudas, quien estuvo ahí constantemente fue Sònia del blog Futuros Padres, mi confidente y consejera. ¡Cuánto me ayudaste a seguir con la lactancia! Te debo una buena comida

El llanto como forma de expresión

Los primeros días en casa con la pequeña fueron complicados. Cada vez que lloraba por algo, yo me moría de la pena. La hora del baño, salir en el capazo a pasear, ponerla en el maxicosi, cambiarle el pañal… lo pasaba realmente mal. Hasta el punto de terminar llorando yo también. Supongo que el cóctel hormonal influyó en mis ganas imperiosas de llorar. Ahora entiendo que, probablemente, mi niña mostraba su desagrado cada vez que no estaba pegada a su mamá. Tan pequeña que era ella, necesitaba contacto continuo. Afortunadamente, con el paso de las semanas, BabyE comenzó a agradar el baño o el cambio del pañal.

En este aspecto más emocional, hubiera agradecido más preparación. Y eso que es un tema que se trató en las clases de preparación al parto, pero llegado el momento la sensación de impotencia dominaba la situación. Al final todo es que conozcas a tu bebé para entender su forma de expresarse.

A mí me sirvieron bastante las clases de preparación al parto

Bueno, ya iba siendo hora de que respondiera a mi interrogante inicial. Y he de reconocer que las clases de preparación al parto a las que asistí me ayudaron a afrontar el parto con calma e información suficiente como para disfrutar del proceso. Quizás el tema de la lactancia y el postparto se me quedó un poco corto. La etapa postparto es dura por lo novedoso de la situación que se vive. Pero de todo se aprende y es una fase de aprendizaje brutal.

La opinión de otras mamás

A raíz de estas reflexiones, decidí hacer una pregunta en nuestra cuenta de Twitter para conocer cuál es la sensación general respecto a la utilidad de las clases de preparación al parto. Aprovecho para agradecer a las 17 personas que se animaron a votar la mini encuesta. Estos son los resultados obtenidos:

El 53% de las manos que votaron han señalado que las clases de preparación al parto les resultaron muy útiles (18%) o bastante útiles (35%). Sin embargo, el 47% de las personas que contestaron han señalado la poca (18%) o nula utilidad (29%) de las clases. Hubiera estado genial saber en qué les resultaron útiles o nada útiles para conocer a fondo si el contenido de las sesiones, el feeling con la matrona de turno o cualquier otro factor tiene que ver en su percepción sobre la utilidad de las mismas.

Lo cierto es que a veces el mismo mensaje cala de forma muy diferente en cada persona y la maternidad que cada mujer vive es también diferente con lo cual es fácil sentirse perdida, sobre todo cuando eres mamá primeriza. Pero tranquila que, poco a poco, irás desarrollando un sentido de la intuición increíble y con la ayuda de tu tribu, sean quienes sean las personas que la compongan, y de los profesionales pediátricos de referencia todo será un poco más llevadero.

Para terminar, me gustaría saber tu opinión. ¿Te resultaron útiles las clases de preparación al parto a las que asistí de? ¿Qué echaste de menos?

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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