Una de las primeras cosas a las que una mujer recién parida se enfrenta es a alimentar a su bebé. Hay mujeres que tienen muy claro el tipo de lactancia que quieren instaurar. De hecho, antes de dar a luz te preguntarán si quieres dar el pecho o leche de fórmula. Hoy me gustaría contaros cuál era mi opción de lactancia inicial y cómo fue la instauración de la misma tras el parto.

¿Lactancia Materna o Artificial?

Antes de quedarme embarazada, pero ya en plena búsqueda, no tenía nada claro el tipo de lactancia por el que optar para alimentar a mi futuro bebé. Yo respeto ambas opciones y que cada cual elija la lactancia que mejor crea para su bebé y con la que cada una se sienta bien.

Como decía yo nunca tuve claro dar el pecho o dar el biberón y si me tenía que decantar por una opción, desde el más absoluto desconocimiento, era por el biberón. A raíz de las clases maternales y de algunas lecturas que he hecho durante el embarazo llegué a la conclusión de que me sentía con ganas de apostar por la lactancia materna exclusiva (o LME).

Y así fue, a los pocos minutos de nacer la matrona me puso a Elaia al pecho. Qué sensación tan espacial, de conexión. La niña, según la matrona, tenía un buen agarre y su fuerza de succión era increíble. ¿Cómo una persona tan chiquita tenía ese poder de succión?. No obstante, el enganche dolía y aunque se lo hice saber a Mayte, la matrona, me hizo entender que era normal. Ahora, a estas alturas sé que no lo es. El enganche no tiene que doler, aunque os intenten convencer de lo contrario.

Calostro tenía, ganas de apostar por la LME y una bebé con ganas de succionar también. Pero los comienzos nunca fueron fáciles y ya en el paritorio tuvimos que pedir ayuda a la matrona porque no sabía muy bien cómo poner a la niña, ayudarla a engancharse, por qué lloraba tanto… Supongo que lo normal en estos casos porque al final de la teoría a la práctica puede haber una gran diferencia.

¿Por qué llora tanto mi bebé?

La primera noche en el hospital fue intensa. BabyE lloraba y yo le ponía al pecho. Pero ella estaba desesperada. Y a mí me dolía el agarre. Así que le dije a David que llamara a la matrona. Ésta me dijo que tenía los pezones un poco irritados y me dejó muestras de la crema de medela para las grietas y me dijo que me sacara calostro y me lo untara en los pezones. De la crema pasaba y de sacarme el calostro, no era capaz de que saliera nada. Tampoco nadie me explicó cómo hacerlo sino que me lo hizo la matrona y listo. Así es muy difícil aprender. Me revisó el agarre y me dijo que era bueno. Aunque, ahora con distancia, sé que el hecho de que ella le metiera la boca a mi bebé en mi pezón sin dejar que ella lo encontrara de forma natural, no ayudó a mejorar el dolor al engancharse. A lo largo de la noche volvimos a recurrir a la matrona porque BabyE seguía llorando.

La solución por la que optó la matrona fue darle una ayuda de leche de fórmula con biberón. Su argumento fue que así dormiríamos alguna hora. La matrona le dio el biberón y no se tomó todo, pero se quedó dormida. Nos dejó, además, otro bote con preparado de leche de fórmula con una jeringa para que no se confunda con el pecho. O sea que ella se lo dio con retina y a mí me dejaba una jeringa y no me explicaba cómo proceder en caso de hacer uso de ello. El caso es que no lo usamos.

Eso sí, durante la estancia en el hospital tuvimos que recurrir varias veces al personal de turno y todos coincidían en que me estaba haciendo grietas, que el agarre era bueno y que era normal que el enganche doliera. Creo que de lactancia tenían más bien poca idea. Además, cada cual me decía que debía ponerle cada x horas al pecho sin ningún tipo de consenso. Lo triste es que nadie me dijo que na LME (Lactancia Materna Exclusiva) es a demanda y poco a poco se va regulando. Un despropósito del equipo de matronas y matrón andaluces que estaban en el Hospital Donostia.

Valoración del frenillo

La segunda noche el matrón de turno exploró la boca de mi niña y me dijo que era normal. No me dijo nada más. También me comentó.que podía probar otras posturas. Hasta aquel momento sólo habíamos probado tumbadas. Pero tampoco me explicó in situ cómo era la correcta colocación en esas otras posturas.

El caso es que mis pezones iban empeorando toma tras toma. El dolor iba en aumento a la hora del enganche y el personal sanitario se limitaba a ponerme a la niña al pecho. Su atención a nivel de lactancia fue muy deficiente así que mis expectativas de cara a irnos a casa con una LME no instaurada del todo y con una bebé que pesaba 2,560 kg, un 7’9% menos del peso con el que nació, nos asustaba.

En el próximo post sobre lactancia os contaré los primeros controles de peso, la asesoría de lactancia con mi matrona y cómo hemos y estamos viviendo la lactancia materna. ¿Vosotras teníais claro desde antes del embarazo cuál sería vuestra opción de lactancia el día que tuvierais un bebé? Me encantaría conocer vuestras experiencias.

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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