Hace un par de semanas, al hilo de mi carta abierta a los creadores de la Bexsero, te dije que te tenía que hablar de la tos ferina y mi sobrino. Si me sigues desde el principio, quizás sepas que tengo un sobrino. O quizás no lo sepas. Lo cierto es que evito hablar de él porque no me gustaría que otros hablarán de mi hija. Así que intento predicar con el ejemplo. Pero para hablarte de la tos ferina tengo que hablar de mi precioso sobrino y ahijado, que en septiembre de 2017 cumple 3 años. Sí, nació 9 días después de que Mr. D y yo nos casáramos. En nuestra familia nos gusta ir al límite.

Hoy vamos a retroceder en el tiempo y vamos a viajar a octubre de 2014. Mi sobrino con un mes de vida y muy pocos días empezó con una tos inocente que su pediatra no dio más importancia. La tos no remitía y los ataques eran cada vez más fuertes, tanto que le costaba volver en sí. A la tercera visita al pediatra le remitieron al hospital ante la imposibilidad de emitir un diagnóstico y bajo la sospecha de tener tos ferina. El pediatra que lo atendió esa tercera vez lo conozco personalmente porque su bebé fue mi alumno durante dos cursos, casualidades de la vida. Pero esa decisión acertada de remitir al hospital pudo ser la diferencia entre salir vencedor o vencido de una enfermedad respiratoria tan virulenta como la tos ferina.

 

Mi pequeño rubio estuvo más de dos semanas ingresado en el hospital, aislado en una habitación y sin recibir visitas. Sólo mi hermana, mi madre y mi cuñado estuvieron allí, relevándose. Tratando de ganar la batalla al sueño por las noches porque si había un ataque, había que incorporar al bebé. Una situación dura, angustiante y compleja de gestionar a nivel emocional.

 

En el 2014, no vacunaban a las embarazadas de tos ferina; por lo tanto,mi sobrino estaba indefenso. Tanto mi hermana como mi cuñado dieron positivo en tos ferina y tuvieron que tomar medicación. Nada a comparación con la tralla que le dieron a su bebé con mes y medio de vida. Afortunadamente, nuestro sobrino salió airoso aunque estuvo más de tres meses padeciendo la enfermas, ya no presentaba la misma virulencia. Lo que sí sé es que a consecuencia de casos como el de mi sobrino, mi hija nació inmunizada gracias a la vacuna que me administraron a mí estando embarazada. La prevención es una oportunidad de oro para erradicar enfermedades que vuelven a aparecer tras décadas de extinción.

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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