Quien os cuente que una búsqueda prolongada es lo mejor de lo mejor y que se puede vivir sin ningún tipo de alteración emocional miente, así de claro. El proceso de búsqueda pasa por diferentes estadios y probablemente el de los primeros meses es el más duro a nivel de frustración, tristeza… Y es algo que no hay que ocultar. Nosotros mismos hemos pasado por ello. Pero no os preocupéis que esto no dura eternamente, al final cada persona va aprendiendo a gestionar todos estos sentimientos para que lo que antes te hacía débil, ahora te haga fuerte. Hoy os quiero hablar del hecho que supone llorar, un acto de liberación de sentimientos desde la tristeza hasta la más inmensa felicidad. Es lo que tiene el lloro.

Yo he llorado, durante este año de búsqueda por muy diversos motivos y me apetecía contároslo, porque sé que a muchas personas que se encuentren en una situación parecida a la nuestra quizás les sirva de consuelo saber que lo que les pasa es habitual. Porque llorar no tiene que significar estar obsesionada por querer tener un bebé. Nuestras vidas siguen, seguimos funcionando en el mundo, simplemente que entre todos esos deseos que de normal tenemos guardados los seres humanos se suma el de conocer la maternidad o la paternidad ¿qué hay de malo en eso?

Así que vamos al grano y os voy a contar los motivos por los que nosotros hemos llegado a llorar durante este mes:

  1. La llegada de la menstruación: A partir de los tres meses, cada vez que llegaba la regla era frustrante y si a eso le sumamos mis dolores menstruales nivel máximo, la desesperación por vivir lo que me tocaba era lo que provocaba que llorara de desesperación. La coctelera hormonal sumada a las no ganas de sufrir los dolores menstruales y a las ganas de ser madre eran la combinación perfecta para hacerme una bola y soltar esas lágrimas que aliviaran esa sensación de tristeza que se poseía de mí.
  2. La no llegada del embarazo: Hay en momentos concretos en los que miras a tu alrededor y ves mujeres embarazadas, familias con bebés recién nacidos, y tu ilusión por vivir todo eso te hace sentirte pequeñita, triste, frustrada y en cierto modo angustiada porque tú no tienes la suerte que otras parejas han tenido.
  3. Miedo de que haya algo impidiendo la concepción: A veces se producen roces o reproches en la pareja porque aparece el miedo, miedo a que exista algún problema que esté dificultado el embarazo. ¿Seré yo? ¿Serás tú? ¿Seremos los dos? ¡Pero si somos personas sanas! Y te da rabia ver que personas con hábitos mucho menos saludables que los tuyos se han quedado en menos tiempo que tú.
  4. Miedo de descubrir cualquier problema: Y de repente llega el día en el que toca empezar a descartar problemas y surgen nuevos miedos. ¿Realmente quiero saber si hay algún problema? ¿Podré gestionarlo emocionalmente? Son algunas de las dudas que se nos pueden pasar por la cabeza y es que no es tarea fácil pasar por diferentes pruebas en busca de algo que corrobore que hay algo que está impidiendo que nuestro sueño se cumpla.
  5. Liberación al descubrir una posible causa: Por último, en el momento en el que recoges los resultados, esos que van a decir qué ocurre en nuestros cuerpos, produce nervios, ilusión, miedos… todo ello a partes iguales. Porque en el fondo no te imaginabas tener que pasar por todos estos estadios cuando comenzaste la búsqueda. Y de repente aparece algo, ese algo que justifica que esté tardando en llegar más de la cuenta ese esperado positivo. Ese resultado inesperado que te hace sentir, en cierto modo, un grado de liberación que te hace exteriorizar todo lo anteriormente vivido y valorar la situación de una forma totalmente distinta.

De este último punto os hablaré con mayor detenimiento esta semana, aunque si nos seguís por Instagram, ya sabréis que la histerosalpingografía ha cantado. El jueves os lo cuento todo con detenimiento.

Firma Ms. E

Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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