Era nuestra primera vez en este restaurante llamado Kirkilla situado en pleno casco histórico de Zarautz. Sin duda, un lugar muy turístico por aquello contar con el restaurante del televisivo cocinero Karlos Arguiñano y también por su extensa playa, ideal para la práctica del surf. El caso es que conocimos este restaurante aconsejados por mi padre, el cual tuvo una grata experiencia no hacía mucho con unos amigos. Era pues momento de probar un lugar nuevo, que también somos muy dados a eso como bien sabéis y contaros nuestra experiencia desde un punto de vista parcial como normalmente solemos hacer.

KIRKILLA JATETXEA

Logramos encontrar el lugar rápidamente y es que google maps no falla pudiendo interpretarlo bien. Entramos al lugar y no había ni un alma, vamos que éramos los primeros y nos situaron en frente de la cocina, algo arriesgado pero llamativo para lo que se suele ver hoy en día. La pena fue que no les funcionaba correctamente el extractor ese día, y como os imaginareis aquello desprendía humareda. Sin embargo, se llevaba bien y lo terminaron arreglando para nuestra tranquilidad.
Fotos del local y de la vista que teníamos de la cocina
El lugar ofrece tanto menús del día, menús concertados para empresas, carta y menú fin de semana, que es a lo que fuimos nosotros por darnos un capricho. Ofrecen una cocina donde mezclan lo tradicional con lo moderno. 
De entrante optamos los dos por lo mismo, un bric de puerros y gambas, un tanto justito en cuanto a la ración se refiere, pero que se deshacía en la boca. Seguidamente y como plato principal, Ms. E eligió un entrecote plancha con salsa de foie y patatas para chuparse los dedos y yo, Mr.D, me decanté por una merluza plancha con ali-oli y patata panadera que me encantó.

 

Bric de puerros y gamas arriba y la merluza plancha abajo

Y para finalizar, llegaba la hora de la verdad, donde los restaurantes se juegan el todo por el todo, el postre. Ahí también cada uno eligió lo suyo, ella una mousse de queso con frambuesa y servidor una pantxineta rellena de crema pastelera. Ambos, estuvieron a la altura, sin embargo, para el precio eran nuevamente las raciones un tanto escasas.

Postres muy bien presentados y riquísimos

 

El servicio fue cordial y nos atendieron bien, incluso podríamos decir que nos despacharon enseguida, por aquello de ser los únicos en el comedor. Sin embargo, el comedor no es demasiado grande y que te digan si pueden desplazarte un poco hacía un lado o hacía otro, para meter más mesas y sillas pues no lo acabo de ver del todo bien.

En cuanto a lo de la cocina a la vista, fue un punto a favor a ratos, pues era interesante ver cómo preparaban todo y otro en contra, pues el ruido también influye en que tengas que hablar más alto y tengas la sensación de perder la intimidad que ofrecen otros lugares.

Si nos centramos en el precio, es tirando a caro casi 21 € por persona para las raciones tan justas que ponen, eso sí, los productos son de calidad y la presentación es estupenda de todos ellos.

En definitiva, salimos encantados con la comida, pero con hambre y eso no suele ser lo habitual por estas tierras, donde los platos suelen ser generosos en cantidad.

Por ello, nuestra puntuación esta vez es una poco más baja que las anteriores, un 3.5 sobre 5. 

Queremos agradeceros como siempre vuestra atención y seguimiento incondicional y invitaros a nuestro siguiente viaje gastronómico.

Un abrazo,

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