Hoy toca desahogo porque sinceramente, no sé si os habrá pasado, pero estoy un poco harta de que conocidos, familiares y demás te cuenten historias para no dormir relacionadas con embarazos, partos y demás. Vamos, lo ideal para una pareja que está en la búsqueda metida de lleno. A veces no sabes ni qué decir de lo que te cuentan. Y el problema es que a cada cual suele ser peor.

Últimamente, cuando en nuestros círculos suele salir el tema búsqueda, embarazo y demás la conversación denigra demasiado. Tanto, que al final acabo con un mal cuerpo, un miedo y una desazón que me encantaría meterme debajo de la cama y no salir hasta comprobar que lo que me han contado es una patraña. Que sí, que yo entiendo que hay que conocer las caras B de las cosas. Pero se pueden contar de una manera más amable, más dulce ¿o no?

Y me voy a abstener a reproducir esas cosas horripilantes que me han ido contando cual competición de chistes malos. Porque lo considero inapropiado, un poco insultante e incluso una broma pesada para quien busca con toda su ilusión tener un bebé. En esta vida todo se puede complicar, lo sé y soy consciente de ello. Pero si ya me están asustando antes de ver un mísero positivo, el día que lo vea en vez de llorar de alegría voy a llorar de terror.

A lo que voy es a que el proceso de búsqueda y de embarazo conlleva una serie de dudas, miedos y preguntas inherentes al propio hecho de que se está experimentando algo dentro de ti, adquiriendo nuevas responsabilidades. Por lo tanto, si una misma ya está aterrada de por sí me parece que el que personas de tu entorno te cuenten detalles de lo más escabrosos sobre casos de conocidas y demás con pelos y señales, enfatizando y dramatizando las situaciones… ¡apaga y vámonos!

En un par de ocasiones he tenido el sentimiento de querer dejar de buscar por sentirme tan abrumada por lo que oía. Y seguro que las personas que lo estaban diciendo no lo estaban haciendo con ese propósito. Pero es que hay formas y formas de contar las cosas y cuando hay situaciones inesperadas, difíciles,… y se sabe a ciencia cierta que esa persona está a punto de experimentar un proceso de ese tipo, hay que tener delicadeza contando las cosas. Porque ya se sabe, una cosa lleva a la otra y se llegan a enlazar unos y otros casos, y al final te preguntas ¿qué probabilidad tengo de que no me pase nada de todo eso?

Así que desde aquí hago un llamamiento a la dulzura, que no a disfrazar, al contar hechos en nuestros círculos cercanos y lejanos. Puede que alguien esté sufriendo en silencio por un afán de ver quién la tiene más larga, dicho de otra manera, quién cuenta la historia más complicada.

¿Os ha ocurrido esto en alguna ocasión? ¿O es mi entorno que es un poco masoca?

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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