Me ha costado mucho dar el paso de escribir este post, pero creo que hacerlo me va a reportar beneficios y liberación. En los pocos post que he escrito este año así como en las redes sociales os he ido contando que decidí, de forma personal, acudir a psicoterapia. En el fondo debí haberlo hecho en julio de 2014, cuando volví de Canadá, donde viví los tres meses que provocaron que nunca más fuera la misma persona.

En diciembre de 2015 empecé a sentirme mal y a recordar aquel calvario de soledad, inseguridad, maltrato psicológico por una persona cuyo curriculum es impecable pero que como persona no vale ni un pimiento. Empecé a llorar, a desconectar de muchas cosas, un bucle malo malo. Hasta que me dí cuenta yo solita de que necesitaba tomar las riendas de mi vida, que me miraba al espejo y no me reconocía, que quería sonreír y brindar por las cosas buenas. Necesitaba ayuda externa, porque mi pobre marido y mi familia poco podían hacer a parte de darme ánimos y cariño.

Me puse en manos de una psicóloga que está relativamente a mano de donde trabajo para evitar el dejar la terapia por incompatibilidad de horarios. Por el momento llevo dos sesiones, la semana que viene iré a la tercera. Y os he de decir que me está ayudando mucho a recuperar el concepto del yo, mis espacios, mis circunstancias y mis momentos de “no pensar”. Que en el fondo son cosas que te dicen las personas que quieres, pero ya se sabe “donde hay confianza, da asco”.

Fue en la sesión de esta semana donde salió esa palabra a la que parece que tenemos vetada, la depresión. Jamás pensé que podía estar pasando por una depresión, o quizás no lo quería aceptar. Lo que está claro es que no estoy bien y necesito ayuda para resurgir del trompazo psicológico que supuso hacer una estancia que yo no quería hacer y que fue una experiencia nefasta donde me hicieron sentir que estaba investigando algo para lo que no valía. Esto es como si te dicen que eres una persona tonta durante un periodo largo de tiempo, ¿qué pasa? que al final piensas que realmente eres tonta.

El mundo académico es cruel y algunas personas, que de por sí son muy negativas, te hacen sentir una auténtica mierdecilla. En mi caso, estaba en un entorno desconocido, sin ningún apoyo humano que el de esa persona que me hundió en la miseria y me hizo pasar por una fuerte depresión (en aquel momento no fui consciente, y por eso no le puse remedio a mi regreso a España). No quería casarme, no quería saber nada de nadie…yo misma me estaba autocastigando y aislándome aún más de aquello que verdaderamente me ilusionaba.

Tras la boda, en septiembre de 2014, me encontraba mucho mejor y parecía que todo volvía a su cauce. Pero durante 2015 tuve que lidiar con esa persona que tanto daño me ha hecho a nivel psicológico por diferentes motivos y la búsqueda de un embarazo que no llegaba y un diagnóstico de infertilidad inesperado han repercutido en mí.

Por eso, este 2016, necesito recuperar la ilusión por todo: la tesis doctoral, la búsqueda del bebé, por mí misma, por disfrutar con mis seres queridos… Y en ese estadio me encuentro. Tengo días mejores y días peores, soy consciente de que este proceso de curación va a ser lento pero estoy convencida de que voy a ir recuperando un equilibrio en el que mente y cuerpo estén equilibrados.

Y por último me gustaría comentaros, por si no lo habéis leído en Instagram, que respecto a la búsqueda hemos dado un paso más allá. Estamos a punto de recibir la llamada de la SS para comenzar con las IAs, pero antes de que eso ocurra necesitamos una segunda opinión así que estamos consultando en varias clínicas privadas para que con las pruebas que ya nos hemos hecho nos den una orientación de qué TRA sería el más adecuado para nuestro caso. De momento, hemos tenido una de las tres visitas que hemos programado y nos hemos llevado una sorpresa… A ver si la semana que viene me animo, cuando hayamos tenido las tres citas de información y os cuento detalladamente todo.

Aprovecho para daros mil gracias por todo vuestro apoyo, por estar ahí escuchándome, dándome muestras de cariño cada día. Os lo agradezco y por eso he sentido que este post lo tenía que escribir, porque sois parte de mi vida.

Firma Ms. E

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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