Últimamente estoy muy reivindicativa, lo sé. Es lo que tiene no haberme ido desahogando poco a poco. Ahora siento la necesidad de escupirlo todo y que tú sepas que podría pasarte a ti también. Incluso puede que lo hayas experimentado antes que yo. Aunque sobre el tema de hoy ya me he pronunciado, cuando te contaba sobre las visitas en el hospital.

Queridas todas,

Hoy mi carta va dirigida a todas vosotras. Sois personas conocidas, en algún caso, incluso, vecinas. Os agradezco enormemente vuestro interés por dedicarnos unos minutos de pleitesía para preguntar qué tal nos va siendo papis. Lo que no me gusta tanto, es que quieras tocar a mi bebé y hacerlo te parezca algo normal. Espero que después de las siguientes reflexiones entiendas mi posición, o al menos la respetes.

¿Te gustaría que cualquier persona conocida te acariciara las manos o la cara cada vez que te viera?

No te ofendas, pero estoy convencida de la la respuesta es que no te gustaría que una persona conocida te tocara las manos o la cara cada vez que te vea. A mí tampoco me gustaría. Pero, ¿por qué lo hacemos con los bebés? Acaso son seres de segunda? Como no saben expresarse. ¿Por qué íbamos a querer algo opuesto a lo que queremos para nosotras mismas? No tiene sentido.

Por eso te pido que dejes de tocar a mi bebé, igual que lo haces conmigo. Si a mí no me tocas, no toques a mi pequeña. ¿Fácil verdad? La verdad es que estoy cansada de la argumentación que usas de que como es tan pequeña, tan bonita, que qué recuerdos… Si actuáramos los adultos así entre nosotros, desaparecería el espacio vital de cada persona. Y sí, los bebés también tienen ese espacio vital y yo me he propuesto salvaguardarlo.  

¿Tienes las manos limpias?

Perdona la indiscreción de la pregunta. No te preguntaría esto si supiera que no vas a tocar a mi bebé. Pero claro, entiende que si tocas a mi hija en sus manos y luego se las mete en su boca,no me gustaría que se llevará materia bacteriana o fluidos tuyos. Soy escrupulosa, lo justo. Pero con mi hija lo soy elevado a la enésima potencia gracias a todas vosotras que no me dejáis otra elección. Y no quieras rebatirme este punto. Sabemos que tengo razón, pero pica que te lo diga. Mi hija, cuando comience a explorar su mundo ya tendrá oportunidad de tener contacto con los microorganismos de turno. Hasta entonces, con los de sus padres y familiares cercanos tiene suficiente.

¿Qué tal si empezamos por un “puedo tocar a tu bebé”?

¿Por qué das por hecho que puedes tocar a un bebé ajeno? Damos por normalizadas, acciones que no lo deberían de estar. ¿Qué tal si me pides permiso? Así ganas muchos puntos y:

  • Evitas situaciones violentas.
  • Sabrás si realmente a los padres de la criatura les parece bien o te piden que no lo hagas. En este último caso, respeta y no juzgues.
  • Estarás empatizando y respetando a ese bebé que, a fin de cuentas, no es nada tuyo.

No cuesta nada preguntar en vez de avasallar. Estoy hasta el moño de tener que esquivar, girarme, pedir que no toques a mi hija e incluso no volver a ciertos lugares para evitar encontrarte porque te da igual mi explicación. Mi hija es un sujeto con derechos, no un objeto de deleite o una mona de feria.

Así que no te extrañes si te miro mal, te doy una contestación que no te gusta o no vuelves a verme por tu establecimiento.

Con cariño,

Una madre primeriza que quiere que respeten el espacio vital de su familia.

Y tú, ¿qué experiencia has tenido con este tema? ¿Lo llevaste bien? Si es así te admiro y te animo a compartir tu experiencia.

 

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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