Hoy retomo mi sección de cartas de madre primeriza con un escrito muy personal. Ha llegado el día. Necesito usar este espacio para escribirte a ti, querida suegra mía. Quizás te escriba desde mi más profunda decepción por ver cómo ha cambiado tu trato en el último año y medio. Y ojo, que probablemente yo también haya cambiado: un tratamiento de fertilidad, un embarazo, un parto, nuevas prioridades. ¿Es entendible el cambio, verdad? Os dejo con mi carta de hoy.

Querida suegra,

Hoy me gustaría exponer cómo me siento ante ciertos hechos ocurridos en los últimos meses que me han hecho daño, discutir con tu hijo y reflexionar sobre tu comportamiento para conmigo. He llegado a varias conclusiones que quiero compartir. Más bien necesito compartirlas porque cualquier día de estos estallo y mis seres queridos relativizar demasiado. Sobretodo cuando se trata de torpedear, quiero pensar que inconscientemente, el puerperio de tu nuera.

No respetaste mi postparto en el hospital

Es algo que a día de hoy me sigue doliendo porque tú no eres consciente siquiera de que tu actitud fue poco respetuosa. En primer lugar, petardeaste mi momento de tranquilidad en mis dos días de ingreso, al mediodía, después de comer. Encima de tener que recibir a tu familia y a la de tu marido sin que ninguno de vosotros estuviera, en el rato de tranquilidad que mi madre iba a comer y tú la relevabas, no me dejaste descansar. No parabas quieta, no quitabas el sonido del móvil y te ponías a teclear y yo intentaba dormir. Encima tenías el cuajo de decirme que aprovechara a dormir. ¡Si me hubieras dejado!.

En segundo lugar, en un momento dado te pedí que dejaras a la niña en la cunita, que no la cogieras. Y tú ni puñetero caso, la cogiste estando tranquila y sin darme tiempo a levantarme para cogerla yo. Además llevabas un jersey de pelo largo. Muy bonito, pero poco apropiado para coger a una bebé recién nacida. Pero qué más da, te piensas que por haber sido madre y ser la abuela de la criatura ya tienes potestad para hacer lo que quieras. Pues va a ser que no, y menos cuando no se respeta a las personas y sus decisiones. Menos mal que mi madre no solía tardar mucho en comer.

Me cuesta entender tu afán por llamar la atención

Con el paso de las semanas tras el nacimiento de nuestra hija, he tenido que presenciar ciertas escenas desagradables. No puedes decir todo lo que piensas y si lo haces te expones a recibir una respuesta. Reconozco que soy una persona seria, con.las ideas claras, que analiza las situaciones, soy observadora y cuando digo las cosas en serio pudiera dar la impresión de que estoy enfadada. Creo que después de 13 años de relación con tu hijo me puedes conocer un poco. Pero no, te lo tomas todo como algo personal a pesar de tener 62 primaveras.

Como padres de nuestra hija hemos tenido que pedir que no toquéis las manos de la bebé porque no es higiénico. Y a vosotros os ha dado la gana de interpretar que no podéis ni acercaros a la niña. Toca las piernas, la ropita, la cara, sin problema. Así te puedes meter el dedo en la nariz o rascarte lo que te pique sin tener que estar sufriendo por lo que se lleva mi bebé de casi siete meses a la boca. 

Nuestra hija, en nuestros brazos

Por el momento, tampoco consideramos oportuno que cojas a la niña porque no te conformas con cogerla un poco y disfrutar. No, tienes que decir sandeces durante ese momento y luego no ves la hora de darle la niña a su padre ni de respetar sus indicaciones. No disfrutas del momento. Tener en brazos a nuestra niña para lamentarte de lo poco que la ves o la disfrutas es desperdiciar los momentos más bonitos que puedas vivir con ella.

Os pensáis que es una muñeca y no puede ser. Así que la niña está siempre en brazos de sus padres. Y en el fondo me da pena, pero cuando no se escucha, no se atiende, se usa el chantaje emocional y demás para ser la protagonista se pierden derechos, credibilidad y confianza. ¿Acaso te crees que diciendo que si te dejamos a la niña vas a hacer lo que quieras con ella y no nos lo vas a decir, estás fomentando la confianza? Es que ni en broma se me ocurre hacer un comentario así. Quizás, querida lectora, te parezca una exagerada. Pudiera ser, lo que tengo claro es que esos comentarios y esas actitudes no me dan ninguna confianza. 

Es mi hija, tú eres su abuela

Entiendo que tus amigas han criado a sus nietos y nietas. Pero no has reparado en que son los hijos de las hijas de tus amigas. Un pequeño detalle con importancia. Vale, que vosotros viváis a escasos 10 km y mis padres a 25 km. De hecho, cuando la relación era cordial, la idea inicial (aún no estaba ni embarazada) era que vosotros cuidaseis del bebé si hiciera falta. Gran error por nuestra parte. Disteis por sentada una posibilidad en caso de que yo me tuviera que reincorporar a mi puesto de trabajo en modo presencial.

Finalmente no ha sido así, yo he hecho todo lo posible para que trabajar desde casa fuera una realidad. Porque con tus comentarios y tu comportamiento poco o nada me gustaría tener que dejarte a mi bebé. Como suegra has conseguido que conozca una versión tuya que no me gusta ni para mí, ni mucho menos para mi pequeña. De hecho, en caso de necesidad se la dejaría a mis padres. Y de momento no se ha dado el caso tampoco.

Al fin y al cabo es nuestra hija, y como tal, es nuestra responsabilidad cuidarla y educarla. Tú eres su abuela y la verás siempre que se pueda. Ten en cuenta que tu hijo trabaja de mañana y yo por las tardes y los fines de semana. No es un capricho lo de quedar un día a la semana. Quizás te hiciste otra película, pero la realidad es la que es. Lo siento si en algún momento contribuimos a que te hicieras una película equivocada o dieras por sentado nuestros comentarios. Tú como madre hiciste lo que creíste oportuno con la crianza de tu hijo, ahora como suegra estaría bien que respetaras nuestras decisiones y disfrutaras de lo verdaderamente importante, tu nieta. 

Necesidades vitales de una suegra

Eso sí, me gustaría que te quede grabado lo siguiente: coger a tu nieta o darle un beso no será nunca jamás una necesidad vital. Necesitas respirar, comer, hidratarte, dormir, hacer tus necesidades fisiológicas. Eso son necesidades vitales. Deja de argumentar con chantaje emocional y céntrate en recuperarte emocionalmente de todos los frentes que tienes, sin usar a nuestra hija de tabla de salvación. BabyE es una persona, un sujeto de derecho; no es una muñeca a la que aferrarse hasta que pase la tormenta. Deja de emitir juicios de valor insultantes, sabes que estando la relación tensa pueden seguir haciendo la bola más grande. Disfruta del tiempo que estás con tu nieta en vez de ignorarla y deja de culpar a tu hijo de lo que te pasa por no querer escuchar y entender posturas diferentes a lo que tú te has imaginado.

Eres una persona bastante noble, pero como suegra has conseguido que sienta indiferencia hacia tu persona. De verdad, de corazón espero que la tirantez existente entre nosotras vaya desapareciendo. Ni yo te he robado a tu hijo, ni tu nieta te ha robado a tu hijo, ni nada de nada. Es el ciclo de la vida. Tu hijo tiene un nuevo núcleo familiar, tiene nuevas responsabilidades, punto pelota. Lo que no puede ser es que cuando la situación parezca estable, vuelvas a las andadas y a alterar las vidas de tu alrededor porque tú te habías imaginado una cosa y la realidad está siendo diferente.

Con cariño,

Tu nuera

¿Qué relación tienes con tu suegra? ¿A raíz del nacimiento de tu bebé cambió la relación con tu suegra o con la familia política en general?

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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