En España hay dos deportes nacionales por excelencia muy fáciles de practicar: el “critiqueo cotilleo” y el “metementodo”, y hoy precisamente me vengo a casa del vecino para reflexionar al respecto a la vez que pido un poquito de “porfavor”. ¿Acaso te he pedido opinión de cómo educar a mis hijos? Pues no te metas, cállate la boca y respétame. Bueno eso del respeto es otro cantar.

Desde mi perspectiva de madre bagaje, y con eso no quiero decir que no me falte mucho por aprender. Bagaje por ejercer esa maternidad ya con hijas que no “demandan” ni teta, ni cambio de pañales, ni colecho, pero sí con otras necesidades a cubrir emocionalmente que no son pocas; me atrevo a decir que tela telita tela la de “metementodos” que aparecen ya en el momento “predictor”.

¿Qué digo en el momento predictor? en el momento que tienes pareja estable/marido/novio/compañero de vida y cumples los 30. Aparecen como por arte de magia, a cuales voces insistentes de que se te pasa el arroz y lo que tienes que hacer es ponerte a procrear. Vamos, que sólo les falta venir con el calendario de ovulación en mano.

Y si antes era aquello de “te vas a quedar para vestir santos”, ahora un supuesto arroz que se te va a pasar o que “vas a ser madre en edad de abuela”. Cuánto le gusta a la gente organizar las vidas de los demás.

Luego llega el momento “rayita” y por precaución, aguantas en silencio como si de una almorrana se tratara, por aquello de evitar comentarios del tipo: Ais, que si no comas esto; haz lo otro; esta crema te irá genial para las estrías; cuidado con el azúcar; no me comes nada y has de comer por dos; no hagas esfuerzos; duerme mucho; camina todo lo que puedas; no bebas; cuidado al conducir; no te constipes, y bla bla bla. La verdad es que no sé tú, pero yo habría “sufrido en silencio” hasta el momento parto. ¡Qué hartura por dios!

La tan deseada maternidad

Y es en este preciso momento que empieza la verdadera historia, que no hace ni cinco minutos que estabas dando el último empujón, que ya has expulsado al bebé, la placenta y parece ser que además has expulsado gran parte de tu cerebro porque te conviertes en madre y parece que todo el mundo lo “sepa” menos tú. Recién parida, sensible, emocionada y asustada a partes iguales. Sin duda, una sensación indescriptible cuando de repente ya te vienen los primeros sabios consejos que tú no has pedido y que, “por ende” no quieres ni escuchar.

Y a toro pasado… muy pasado, no puedo evitar asombrarme de que en el ámbito de la maternidad, crianza y educación todo dios opina. Pero, oye, con una contundencia y alegría que ojo, ¿eh?. Y cuando digo “todo dios” digo que hasta el hijo del vecino. Desde madres, suegras, hermanas, cuñadas, amigas, no tan amigas, conocidas, desconocidas, transeúntes, hasta los que se autodescriben como “expertos” en crianza y educación todos ahí con contundencia, con una seguridad de lo que dicen y un desparpajo y tú en ese momento tan delicado de la “vagina floja” (sin ser despectivo eh?), que se te queda un complejo de imbécil y unas ganas de llorar que me atrevería a decir que “ellos” son los verdaderos culpables de la “supuesta” depresión post parto.

¿Acaso te he pedido la opinión?

No, verdad.

Pues tú a lo tuyo y yo a lo mío.

Respeta mi manera de hacer.

Siempre he dicho que ser madre/padre no es nada fácil. No hay ni un manual ni unos mandamientos que garanticen nada de nada. Aquí lo único que puede ser garantía de algo es que de la misma manera que has elegido ser madre de forma voluntaria si haces las cosas con amor, respeto, confianza y cariño todo va a salir bien. Muy posiblemente no lo hagas como tu madre, ni como tu suegra, ni como la vecina del quinto, simplemente como crees, como sientes que has de hacerlo. Y oye, déjate de dimes y diretes, traes y llevas.

A la gente no le cuesta nada hablar, opinar y meterse en lo que no le incumbe, por desgracia es gratuito a la vez que universal. Oídos sordos es el mejor consejo que te puedo dar. Porque no te creas que se acaba la cosa aquí, que va!!!! El tema continua a cuál historia interminable, porque de “metementodos” hay por doquier. Verás cuando llegue tu hijo a los 8 o 9 años…. Los consejos continúan…. Y en la adolescencia ya ni te digo.

Si me lo permites quiero acabar con una cita de Catherine L’Ecuyer, sabia donde las haya.

 “Y si alguien vuelve a hundirnos con consejos, bienintencionados o no, y a asegurarnos que lo estamos haciendo muy mal, deberíamos recordarle que antes de opinar sobre el estilo de crianza de otro, es mejor esperar a que nuestros hijos tengan por lo menos 90 años”.

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Sobre Mamadedos

No soy experta en nada, y mucho menos en maternidad; simplemente hace 16 años me convertí en MADRE, y desde mi rincón, y partiendo de la base de que soy perfectamente imperfecta, comparto mi particular manera de ver y vivir una maternidad en la que hace ya algunos años hemos abandonado pañales, chupetes, noches de insomnio, pataletas, rabietas y biberones.

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