Quienes soléis leer habitualmente los post, sabéis que aunque mi embarazo no está siendo malo, o por lo menos no lo considero así, he sufrido la ira de la hiperémesis gravídica que ha hecho que la primera parte del embarazo sufra náuseas y vómitos de manera recursiva y aún hoy sigo padeciendo algunos coletazos de este problema que afecta a un pequeño porcentaje de mujeres embarazadas en este grado. Hoy me gustaría hablaros de las fases que he vivido y de en qué grado he notado que el Caribán, el medicamento por excelencia para las náuseas que se paga a precio de oro, ha ido haciendo su efecto.

De paso, y antes de entrar en materia os cuento que a partir de esta semana en adelante los días de publicación en el blog serán los lunes, miércoles y viernes como antes del verano. Ya me he puesto bastante al día con las publicaciones y aunque tengo mil cosas por contaros, siento la necesidad de dosificarme nuevamente. Así que por aquí os espero con muchas novedades.

Aguantarse no es una buena idea

Esto es lo que básicamente hice durante el primer trimestre, aguantarme las náuseas y los vómitos mientras me mentía a mí misma diciendo que si me volvía a pasar llamaría de seguido a la matrona para que me diera medicación. Fui demasiado burra en este sentido y tras mi ingreso hospitalario por la gastroenteritis salvaje que tuve, no me quedó más remedio que doblegar mi ‘no sé qué’ para pedir que por favor me dieran medicación para esas naúseas que no me dejaban en todo el día y esos vómitos que me aterrorizaban.

Los principios nunca fueron fáciles

Cuando comencé a tomar la medicación por excelencia para estos malestares propios del embarazo, el Caribán, no notaba mejoría. Seguía bastante revuelta durante el día y ni tomándome 3 ó 4 pastillas al día aquello terminaba de asentarse. Y yo pensaba, “pues para valer casi 1 € cada pastilla vaya efectividad más pobre“. Porque sí, es un medicamento que no entra por la Seguridad Social y que cuesta casi 20 € la caja de 24 pastillas. Imaginaos a caja por semana el presupuesto en Caribán. Vamos, que no todo el mundo se puede permitir dejarse 80 eurazos al mes en unas pastillas de este palo.

Cuando la medicación comienza a hacer efecto

En mi caso, este momento tardó en llegar bastante pero el día que dejé de tomar la dosis del mediodía me sentía una súper heroína con ganas de comerme el mundo y de salir a la terraza de mi casa y gritar “Oh, yessss“. Eso sí, que la medicación fuera haciendo remitir en parte las náuseas no quiere decir que los vómitos desaparecieran, ni mucho menos. El día menos pensado, ¡zasca! desayuno fuera en cero coma. Pero así es esto y lo importante es no perder la sonrisa y adaptar el ritmo del cuerpo a estos hechos tan poco agradables pero que son típicos y, en ocasiones, habituales en las gestantes.

3, 2, 1… 

Y así, poco a poco, paulatinamente se puede ir bajando la dosis de Caribán para ir comprobando si el cuerpo va asentándose y las náuseas van remitiendo, porque lo de los vómitos no remite, te sorprende el día menos esperado. Al final, decides hacer la prueba de fuego y dejar esa dosis nocturna que llevas tomando durante una semana porque tu cuerpo parece que responde correctamente y durante el día el tema náuseas es prácticamente imperceptible salvo en contadas ocasiones. Hay quien tiene la suerte de poder dejar de tomar en un periodo relativamente corto de tiempo porque las náuseas remiten, pero hay quien sobrevive a las temidas náuseas gracias al Caribán durante todo el embarazo. A estas últimas os digo que este medicamento tenía que desgravar por lo menos en la declaración de la renta que no es algo que se tome por capricho.

Mi experiencia con el Caribán

A grosso modo he de decir que aunque yo no tenía mucha confianza en el Caribán, con el paso de varias semanas y tras varias cajas tomadas, parece que mi cuerpo ha encontrado el equilibrio suficiente para no sentirme una piltrafa nauseabunda que no podía con su alma, porque aunque no lo creáis las náuseas dan paliza. Eso sí, mi consejo es que tras unos días de malestar es mejor poner remedio porque luego, y deduzco que es lo que me ha pasado a mí, es más difícil ponerle freno a estos malestares. Que típicos del embarazo son, pero hay que padecerlos para ser consciente de lo que supone porque quien ha tenido un embarazo con 0 náuseas y vómitos ha tenido mucha mucha suerte.

Ahora, me encantaría que compartieseis vuestra propia experiencia con las náuseas y los vómitos, si los sufristeis u os librasteis…

Firma Ms. E

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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