Como ya os he contado en la ecografía que tuvimos con la ginecóloga privada en las 16 semanas de embarazo no hubo manera de saber el sexo y Mr. D tenía ilusión por saberlo así que nos decidimos a hacernos una ecografía 3D y 4D para ver si teníamos más suerte en la semana 18 de embarazo. Vimos una promoción muy interesante a través de Facebook de la empresa MiEko4D, que está situada en el barrio de El Antiguo de Donostia (también tienen consulta en Durango). El caso es que un servicio valorado en 90€ se quedaba en 58,50€ ¿Es interesante o no?. Pedimos cita y el 12 de agosto a las 15:00 horas nos citó Eunate, la técnica especialista en radiología, para la realización de la ecografía abdominal en 3D y 4D. Lo que a continuación vais a leer es un resumen de cómo fue la sesión y de nuestra valoración del servicio totalmente personal y sincera, eso que vaya por delante.

Un poco de nuestra historia y nuestros sexos

Nos hizo algunas preguntas al entrar en la consulta y le dijimos que queríamos ver, si fuera posible, el sexo del bebé. Y por esa parte comenzó la ecografía pero ¿a que no sabéis quien no tenía ni pizca de ganas de abrir las piernas nuevamente? ¡Cosita Revoltosa! Por más que meneó la barriga y que la chinchó sólo movía las piernas hacia delante y hacia atrás, lo de abrir las piernas como que no iba con ella. Creo que va a salir a su mami, perezosa para la gimnasia jajaja. Tras varios intentos Eunate se aventuró a darnos su criterio, que no lo vamos a compartir de momento, porque hasta no tener una confirmación clara y concisa tenemos nuestras dudas y es que nuestros antecedentes nos delatan.

En mi caso concreto, a mi madre le dijeron estando embarazada de 6 meses que iba a ser un niño hasta que nací niña ¡menudo sorpresón se llevaron todos!. En el caso de Mr. D, a mi suegra le dijeron en una de las primeras ecografías que hacía su ginecólogo privado que iba a ser niña y en la siguiente le dijo que era niño…la mujer tuvo que ir a descambiar un faldón que había comprado tras aquella primera ecografía. Así que a ver si en la ecografía morfológica del 6 de septiembre podemos salir de dudas finalmente, pero que por intentar saberlo no haya sido.

La eco 3D y 4D

La diferencia que existe entre la exo 3D y 4D reside básicamente en el tipo de captura que se realice de las imágenes. La eco 3D son fotografías en tres dimensiones del bebé, mientras que la 4D consiste en fragmentos de vídeo en los que se puede ver el movimiento del bebé. Pudimos ver a nuestro bebé haciendo gestos con la mano, moviéndose, de espaldas y un poco de su cara. Disfrutamos mucho de esos momentos aunque he de reconocer que tanto movimiento de tripa para hacer mover al bebé terminó resultándome algo molesto como os contaré al final de este post. También escuchamos los latidos de Cosita Revoltosa, que fueron de 150 latidos por minuto, sin duda alguna, la mejor sintonía del mundo.

Eco 3D

Gracias a la promoción que cogimos, nos trajimos a casa una canastilla de Mi Bebé y Yo que os enseñaré más adelante y un CD con las fotos y vídeos que grabó Eunate durante los 20 minutos que duró la sesión ecográfica.

Valoración de nuestra experiencia

La verdad es que no teníamos ni idea de cómo iba a ser esta ecografía, es lo que tienen las primeras veces. Nos gustó mucho poder ver en tan buena resolución a nuestro bebé. Eso sí, como comentaba con anterioridad, yo salí un poco mal físicamente porque de tanto meneo mis ovarios se resintieron y tuve bastantes pinchazos, supongo que debido a que mi endometriosis y sus magníficos quistes me hacen sentir ciertos dolores con mayor intensidad que en otras mujeres. Vamos, que no es lo normal y yo no me di cuenta de advertirle a Eunate del asunto pero de todo se aprende. En octubre volveremos a MiEko4D para ver la carita de nuestro bebé, cortesía de mi hermana y mi cuñado así que por ecografías no será. Son experiencias que hay que vivirlas en primera persona y que ayudan a sobrellevar las esperas entre las ecografías “oficiales”, además de ser un recuerdo para toda la vida.

Firma Ms. E

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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