La confesión de hoy, será de las más íntimas que voy a hacer. Pero creo que es necesario porque durante muchísimos años me he sentido, en cierto modo, avergonzada y culpable por ciertos hechos ocurridos con mi matrona o con algún ginecólogo de cabecera. Y hoy quiero contároslo, por si alguien que llegue al blog ha vivido algo parecido y puedo ayudarle a buscar respuestas. Hoy me “despatarro” ante todas vosotras.

Desde los 18 años he acudido a mis revisiones ginecológicas con la matrona del ambulatorio de referencia. Y desde la primera experiencia, tengo un trauma que llevo arrastrando desde entonces. ¿Os acordáis lo mal que lo pasé al comienzo de la histerosalpingografía? Pues por ahí van los tiros. La poca empatía de la matrona hacía que en la citología, al yo decir que me dolía muchísimo el procedimiento, ella me dijera que “no era para tanto” y que haber si no tenía relaciones. Vamos, que me estaba tachando de quejica. Eso hacía que fuera muy tensa cada vez que me tocaba ir a su consulta.

Cuando Mr. D y yo nos fuimos a vivir juntos me cambié de ambulatorio y poco más o menos me volvió a ocurrir lo mismo. Igual me pasó en alguna ecografía que me realizaron cuando empecé a tomar la píldora y al dejarla. Vamos, que mis experiencias ginecológicas me hacían sentir una porquería. Pero claro, tenía un sentimiento de que el problema era mío que yo no se lo contaba a nadie. Y cuando digo a nadie, es a nadie. Te avergüenzas hasta de ti misma.

Pero nada más lejos de la realidad, a día de hoy me doy cuenta que esos profesionales son los que me producen vergüenza cabreo y mucha desconfianza en el trato personal hacia los pacientes, porque a ninguno se le ocurrió intuir que podría tratarse de endometriosis, ni tampoco supieron diagnosticar que tengo el útero en retroverso y que dependiendo de cómo metan el “cimborrio”, yo veo toda la vía láctea en segundos. Y me pregunto, ¿por qué me han hecho sentir tan culpable? Pero qué iba a saber yo que tenía una explicación médica, si nadie se había molestado en decírmelo. Y esto realmente genera rabia e impotencia.

¿Por qué nadie se dio cuenta? Fue mi ginecólogo de cabecera actual, el que intuyo que sospechó que algo podía haber, cuando yo fui a su consulta a que me recetara algo fuerte para la regla y al preguntarme qué tal iba la búsqueda y al yo decirle que de momento nada (llevábamos 7 meses buscando por aquel entonces), decidió mandarme a reproducción asistida. Y aunque fue un shock para mí, cada día se lo agradezco más.

Afortunadamente, el saber lo que sé a día de hoy me da mayor tranquilidad y aunque el momento potro no me gusta ni un pelo, por lo menos ahora tengo argumentos para rebatir y no dar por sentado que ellos tienen la razón y mis quejas, dolores y molestias son fruto de que sea una persona quejica. Y en esto sí que no voy a volver a pasar por callarme, voy a poner en práctica mi habilidad asertiva, esa que lleva hibernando demasiados años.

¿Alguien que haya tenido malas experiencias en las citologías/ecografías vaginales/revisiones ginecológicas? 

Firma Ms. E

 

Aprovecho hoy, día 14, para publicar esta reflexión…porque como sabéis es un día marcado en verde fosforito en nuestro calendario y es que hoy tenemos la consulta en la clínica privada para recoger los resultados de cara a un futuro, pero no lejano, tratamiento de fertilidad. Y hoy me tocará subirme al potro y que me examine un nuevo doctor, deseo que vaya bien la ecografía…por mi parte intentaré ir relajada…aunque las 18:00, después de un día de trabajo intenso como el que preveo… ¡Bueno, deseadnos suerte!

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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