He intentado evitar este post, pero creo que es lo mejor. Y hoy después de cuatro días sin tocar el ordenador me he decidido a teclear aunque sea unas líneas para deciros que Ser Papis en Tiempos Revueltos va a estar en standby por un tiempo impredecible.

Aunque ya lo he ido dejando caer por las redes sociales, me he animado a escribir este post con la intención de dejar claro que llevo unos días muy malos anímicamente, mi cabeza ha estallado y ahora necesito reconstruirme poco a poco, sin prisa y sin presiones. Por eso, no puedo permitirme el lujo de atender el blog porque sentarme al ordenador para hacer esta tarea me supone un hándicap. De hecho, escribir estas líneas me está costando una vida. Y como de momento, no me puedo permitir el lujo de dejar el trabajo de lado porque como quien dice estoy sin contrato laboral gracias a la administración que ha retrasado todo el proceso de renovación de becas predoctorales, pues esto es la guinda del pastel.

Ha llegado un punto en el que necesito sentirme bien conmigo misma, hacer las cosas porque me apetecen y no por obligación ni como parapeto para evitar pensar en aquello que realmente me está haciendo mal. Y en eso se había convertido el blog, en un parapeto que me quitaba el suficiente tiempo para no necesitar dedicarme momentos personales, de felicidad o de descanso. Y al final pasa lo que pasa, que tu cuerpo dice basta y el mío lo dijo poco antes de acabar el año 2015.

También os diré, que en el momento que decida volver, el ritmo de publicaciones no será el que ha sido hasta el momento. Os contaré cómo va nuestro proceso de búsqueda y demás, pero de momento no puedo predecir cuándo sentiré verdaderas ganas de ponerme a ello.

Seguiré por las redes sociales, y seguiré disfrutando de la vida, ese es mi reto personal en la actualidad. No puedo seguir viviendo rodeada de cosas que me ahogan y me constriñen, que no me hacen bien.

Sé que va a ser un proceso largo, que mi yo se perdió hace demasiado tiempo y que esos meses no volverán a mí, tampoco lo pretendo. Esto va mucho más allá de la búsqueda del bebé, de hecho, la búsqueda fue como tapar el sol con el dedo, mi mal estaba ahí latente, oculto, pero sé que con la ayuda de los míos, de mi marido y de mí misma superaré este baché emocional que estoy viviendo o reviviendo y que ha puesto mi vida patas arriba.

Estoy intentando recuperar mi esencia, sólo espero que cuando lo consiga, pueda seguir compartiendo con todas vosotras y todos vosotros este proceso de búsqueda que sigue adelante.

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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