Después de una primera hilarante prueba de seminograma, y no os culpo para nada por ello, puesto que fui el primero en reírme de todo lo que allí aconteció,  paso a explicaros lo que dio de sí la segunda prueba.

Esta vez me busqué una compañía mejor que en la primera, sin desprestigiar por supuesto a mi padre, pero es que ir con tu pareja como que da más seguridad a la par que tranquilidad. La cita la tuve a primerísima hora de la mañana por aquello de perder lo menos posible de trabajo, así somos qué le vamos a hacer. Aparcamos en el parking del hospital (caro no, carísimo, apto para ejecutivos vaya) y nos dirigimos de inmediato a la segunda planta de la Unidad de Reproducción, siguiendo la dichosa línea verde tan famosa para nosotros. El mostrador estaba aún cerrado, sin embargo, ya se me había adelantado un chico de color, más avispado en llegar antes que yo. Cuando de repente, y no sé por qué motivo, me entraron unas ganas locas de ir al servicio a hacer aguas mayores, en efecto, un tanto desagradable de imaginar, me puedo hacer a la idea. Olvidaros de este dato. Cuando volví a reaparecer por el mostrador el chico de color se hallaba dentro del habitáculo donde se hacen las pruebas. Y a mí no se me ocurrió otra cosa que pensar, en qué estado me dejará éste el baño y cosas de ese tipo. En efecto, soy un mal pensado, pues cuando me tocó, quedó impecable y sin apenas rastro del anterior, eso sí, las revistas las noté un tanto manoseadas, un poco asqueroso, lo sé, pero es lo que hay y yo afortunadamente no tuve que recurrir a nada de eso.

A continuación, tuve en mis manos el botecito con mi esperma y pensé que éste lo había llenado menos que la primera prueba pero bueno, esa era la sensación nada más. Y sí, no sé para que te dan semejante bote para llenar un culín pero bueno. Seguidamente, logré (si es que ya después de la primera experiencia) abrir el candado de la puerta correctamente y a la primera y luego tuve la suerte de no encontrarme con alguien conocido en la sala de espera excepto mi mujer, claro está, la cual se quedó perpleja al ver la cantidad ínfima de líquido que había en el bote, sonriéndome en plan, ¿eso es así? y yo respondiendole que sí que era más o menos como la anterior vez.

Nuevamente y como en la vez anterior, pasé a la sala con la bióloga para darle el botecito de la prueba llamada REM (y pensé que de eso ya me examiné yo en lugar de BUP en el colegio en mis años mozos). A la par de darle el botecito, me dio los resultados de la primera prueba y me los explicó con pelos y señales con palabras técnicas y todo, pero de eso ya os hablaré en un post posterior.

El caso es que la segunda prueba fue mejor que la primera, llamemosle experiencia, llamemosle familiaridad con el entorno y el proceso.

Y del hospital conduje sin perder más tiempo al trabajo para comenzar una jornada dura e intensa.

Nos citamos en una siguiente si os parece bien y os relato qué es lo que me dijeron.

Un fuerte abrazo y gracias por estar ahí.

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