¡Hola a todas/os! tal y como os prometí en mi anterior post de ‘Confesiones’, en el que os relataba las sensaciones que tenía antes de mi primera prueba de seminograma en el hospital, me encuentro dispuesto a contaros cómo fue y las anécdotas que sucedieron durante esta prueba de fuego.

Comienzo por el principio, decidí llevar a mi padre conmigo como estaba previsto, más que nada para hacer bulto, porque en sí, sólo, tampoco me hubiera importado, y visto lo visto, lo único que conseguí es que me llenara la cabeza de muchos chismes antes de entrar y dejarme un poco saturado. Pero en fin, es lo que hay. Por suerte, la zona donde debía ir ya la conocía perfectamente. Nada más llegar hablé con una enfermera del mostrador, la misma que la que me atendió hacía unas semanas y le dije que venía a hacerme la prueba. Inmediatamente, me condujo a la habitación que tantas expectativas había creado en mi cabeza.

Una vez dentro, y antes de que pase a describiros el habitáculo, me dijo que tenía allí un vaso de plástico y yo le entendí y cito textualmente ‘cuando deposites el líquido en el vaso, llama a la enfermera y deja el vaso en la bandeja de plástico para que ella lo recoja y le ponga las pegatinas pertinentes‘. El caso es que ocurrió lo inesperado, pero llegaremos a eso después. Para todo esto, me dejó unas llaves para cerrarme por dentro. Lo hice a conciencia, más que nada porque se oía el ruido del exterior, no mucho, pero lo suficiente como para preguntarme, ¿cómo leches me voy a concentrar yo en este lugar?. Y es más, había una ranura abierta que no me daba ninguna confianza de que no se viera lo que había dentro pero bueno, imaginaciones mías. A continuación, miré a mi alrededor, y contemple que no era una habitación sino un baño al uso, con su lavabo, inodoro, espejo (que ahí me dije a mi mismo, eso para mí sobra, me pone más nervioso), papel, revistas eróticas de hace unas cuantas épocas, lo digo por el uso que parecían tener. Pero si hay algo que me llamó la atención fue un asiento reclinado que estaba cubierto para que te tumbases. Desde luego no era para mí el hacer la prueba de esa manera, de hecho, lo veía un poco contraproducente pero bueno supongo que por algo o para alguien lo habrán puesto ahí.

Una vez depositado el líquido, poco, muy poco para el tamaño del vaso, y eso que no derramé nada en absoluto, haciendo malabarismos, sí, pero todo para dentro. En efecto, me he saltado un poco de la historia pero es que no me parece correcto comentar el cómo se hizo jeje. Posteriormente, dejé, el vaso el donde me había comentado la enfermera al inicio. Lo que no podía imaginarme es que estuviera 3 minutos de reloj abriendo y candando la puerta sin poder quitar el pestillo, eso sólo me puede ocurrir a mí, y claro, como no hacía apenas ruido, hablo irónicamente, pues pienso que sería objeto de risas desde el exterior. Una vez conseguí abrir la dichosa puerta, prometo para la siguiente prueba llevar una ingeniería hecha acerca de ello, llamé a la enfermera de turno y le dije que había dejado el vaso donde me dijo. Sin embargo, al parecer, aquello debía de cogerlo en la mano e ir donde la doctora con ello. Lo que menos me esperaba es que debía de pasar a la sala de espera colindante de la habitación del semen, como la llamo yo, y estar con el casi no líquido esperando a que me llamaran.

Una vez allí, vi a mi padre sentado y me puse a su lado, ante la atenta mirada de un montón de personas, y me pregunté si habría algo más vergonzoso que esa situación, creía que no. Créerme que intenté quitar hierro al asunto y escondía bajo el jersey el botecito, sin embargo, para más inri, me encontré con unos conocidos que no veía hacía unos cuantos años de frente y claro saludarles con el botecito a un lado y cosas de este tipo como imaginaréis no tienen precio. El caso es que me llamaron en seguida y me comentó la bióloga, que no doctora, que en la siguiente prueba me daría los resultados de ésta primera y como la cita la tenía ya cogida, que se quedaba con el bote y estudiarían mi esperma.

En pocas palabras, una pequeña odisea llena de cosas curiosas por el camino que hicieron que la experiencia fuese diferente a lo imaginado. Yo para todo esto, estuve bastante tranquilo a pesar de los pesares y me reí hasta de mi sombra.

Espero que la siguiente visita, que será en breve, ya no ocurran anécdotas de este tipo y me mueva como pez en el agua.

Gracias por seguirnos, sois estupendas/os.

Un abrazo

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