El viernes pasado os lancé una foto a través de nuestra cuenta de Instagram de mi baño para contaros que había pasado una noche toledana en mi día 7 de ciclo. Y a raíz de semejante vivencia me planteé si podría tener que ver con los coletazos de la regla, que hacía dos días que se había retirado. Incluso pensé en denominarlo Síndrome Postmenstrual. Ya total, sufro mi R antes, durante y estoy percatándome que también después. Sí, sé lo que estáis pensando, soy una avariciosa que quiero todo para mí. Pero aunque no os lo creáis casi que preferiría no tener que estar escribiendo sobre esto, porque significaría que no lo he padecido, y por tanto, no se me hubiera ocurrido darle al teclado.

Noche Toledana IG

Imagen publicada en Instagram el día 4-9-2015


Yo reconozco que a veces me quejo un poquito, pero lo que me ocurrió en la madrugada del día 4 de septiembre sólo lo sabemos Mr. D y yo.
Me desperté a las 4am para ir al baño y al meterme en la cama me empezaron a dar unos retortijones, que más bien parecían cólicos. Mi pobre maridín asustado me decía “ni que estuvieras pariendo” “te vas a caer de la taza del water si sigues doblándote“. La cosa es que por la noche nos dimos mucho amor Mr. D y yo, y no sé si eso también esto influyó en el suceso paranormal. Pensaba que me explotaba la tripa. Perdí la cuenta de los cólicos que me dieron. Llegó un momento en el que hasta ganas de vomitar tenía. Un horror, vamos. En verdad creo que parir va a ser un paseo por el campo.
El caso es que al final recurrir a mi amiga la zapatilla de semillas y la molestia se me calmó bastante. De estas cosas que se te ocurren una hora después de estar doblándote cual contorsionista del circo del sol. Os las tengo que presentar porque nunca os he hablado de ellas pero en verdad me ayudan mucho con los dolores menstruales y también con los postmenstruales.

Como podréis comprobar muy normal no es que sea, pero los antecedentes de mi querida madre me hacen ver que he heredado, como buena hija, estos momentos de dolor desenfrenado que te dejan el cuerpo para una sesión de manta y sofá de 24 horas.

Intentando recordar si alguna otra vez me ha pasado algo similar, no consigo recordarlo. Pero sí que hay ciertos síntomas que una vez que se me retira la R padezco o suelo padecer y no lo había relacionado con la susodicha:

  • Dolor de cabeza de diversa intensidad que no siempre requiere de la ingesta de medicación para combatirlo.
  • Cansancio profundo que me impide llevar un ritmo normal.
  • Y a esto sumamos los cólicos aderezados con nauseas.

Y todo esto me lleva a hacer un llamamiento a mi futuro bebé para que por favor se instale ya en su casita porque mis pre-durante-post reglas son muy chungas. Yo no lloro porque no hayamos acertado cada mes, sino por los dolores que padezco cada mes. Así que me es inevitable soñar en que al mes siguiente deje de sufrir esos dolores, para vivir otros síntomas que nos traerán lo que más deseamos. De ilusiones vivimos y en realidad las convertiremos.

¿Alguien en la sala que padezca algo parecido a lo mío? Decidme que no soy un raro espécimen de la humanidad por favor.

Firma Ms. E

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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