Numerosos son los casos que he estado escuchando últimamente en los medios de comunicación, que desgraciadamente siempre han existido, de bebés y menores que son objeto de brutales palizas e incluso muertes por parte de sus padres y/o familiares. Reconozco y quiero pensar que todos o la gran mayoría nos entristecemos de sobremanera cuando leemos o escuchamos algo así, proceda de donde proceda, venga del continente africano o de la calle de enfrente. En resumen, los derechos de los menores son violados con frecuencia y algunos hacen caso omiso o prefieren mirar para otro lado, sin embargo, es un tema lo suficientemente serio como para poner barreras y poner en funcionamiento todos los mecanismos posibles con los que cuentan las instituciones y gobiernos.

La vulneración de los derechos de los más pequeños no sólo se centra en lo físico sino que puede darse principalmente a causa de:
       Maltrato físico o psicológico

       Explotación infantil

      Tratamiento desigual

      Discriminación por raza, religión, sexo, edad, etc.
Hay una cosa clara y es que estas pequeñas personitas que dan un giro radical a nuestras vidas merecen estar protegidas, pues es el colectivo más indefenso y con menos capacidad para valerse por sí mismos.  Puede que debido a eso concretamente ciertas personas quieran sacar provecho. A pesar de esto, continuo sin entender por qué hay gente que quiera hacerles daño, y  que incluso se atrevan a echarlos en el primer contenedor que pillan a mano. Y es justo aquí cuando me sale la vena ‘egoísta’ y me pregunto, tantas y tantas parejas queriendo concebir, como la nuestra, aceptando que es algo azaroso y nada fácil, y que haya gente por ahí quitándoles la vida como si tirasen un caramelo a la basura, no me parece nada justo ni de recibo.
La situación del país tampoco ayuda a darle una vuelta a esto, ya que debido a la crisis no paran de surgir más y más casos (incluso más de los que nos cuentan) y consecuentemente fomentan más las desigualdades junto con el riesgo de exclusión social que siguen in crescendo. A su vez, las ayudas que se destinan no son suficientes como para poder darles una vida digna y cada vez se ven más familias en la calle sin techo, sustento ni alimento alguno que llevarse a la boca. Es por ello, que los que tienen más poder deberían dejar de mirarse el ombligo y actuar inmediatamente. Además, hablamos de la generación del futuro, la cual no parece que tenga un panorama halagüeño, pero que entre todos podemos lograr que lo tengan o intentarlo al menos.
Afortunadamente, existen ONGs como UNICEF que colaboran estrechamente con el derecho a la infancia y hacen todo lo posible para que se respeten esos derechos a través de los medios, acciones, programas y varios proyectos. Llevan a cabo una labor encomiable, poco valorada y reconocida, que bien merece ser aplaudida, principalmente porque muchas de estas personas lo ejercen por vocación y no para lucrarse.
En definitiva, la infancia es un problema que nos atañe a todos y pienso que todo empieza desde la educación, la atención y el cariño hacia este colectivo. También creo que la concienciación por parte de la gente juega un papel importante en este proceso, es decir, que sería un error pensar que esto sucede lejos y cruzarse de brazos. Todo comienza desde uno mismo. Sólo hay que convertirse en un referente e inculcar los valores necesarios para que todo pueda cambiar.

 

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