El lunes pasado Ms. E hablaba de cómo suelen ser sus ciclos menstruales a nivel anímico y hoy me gustaría a mí hablaros de cómo vivo yo esos cambios desde fuera, sobre todo, cuando se acerca el día de la llegada de la R. Ante todo, confieso que Ms. E no lo pasa nada bien cuando aparece su enemiga número 1 ya que se suele retorcer de dolor y eso pienso que es para vivirlo y sentirlo uno en sus carnes. Está claro que en ésto los hombres hemos salido bastante beneficiados.

Uno va notando que Ms. E padece cambios hormonales cuando a una semana vista de la R comienza a estar más irascible ante comentarios que en situaciones normales ni siquiera podrían afectarle. Llegado a ese punto, intento tener el mayor tacto y paciencia posibles, aunque a veces me resulte complicado, pues me tomo muy a pecho ciertos comentarios y los transformo en ataques hacia mi persona cuando en realidad son consecuencia de sus síntomas y de su forma directa de decir las cosas. Aún continúo sin cogerle el punto a ésto.
Otra de las cosas que percibo en ella es que a lo largo de esos días se encuentra también más sensible y se conmueve e incluso suelta alguna lagrimilla que otra con cualquier cosa, ya sea con una imagen de una noticia o simplemente mirando a un perrito por la calle por ejemplo. En esos casos, sí me resulta fácil notárselo y me resulta más llevadero ya que es un comportamiento distinto, más tierno y cariñoso y porque según dicen, desahogarse es sano y ayuda a limpiarte por dentro.
Asimismo, a lo largo de esos días pre y post-menstruales suele tener las defensas bajas, es decir, que nota que le da mucho palo, como si hubiera recibido una paliza. La consecuencia es que mis tareas, principalmente domésticas, aumentan, y quiero dejar claro que me encanta desempeñarlas. A ello hay que añadir que tengo que bajar un poco el pistón en lo que a paseos largos y esfuerzos se refiere por el bien de ella.
Por otro lado, me gustaría matizar que la palabra ‘sobreviviendo’ del título es porque le quiero dar un toque irónico al tema. No quiero que se malinterprete, sino más bien hacer referencia a que sobrellevamos esas situaciones de la mejor manera posible y en definitiva porque queremos y deseamos que nuestra pareja sufra lo menos posible.
Finalmente, me gustaría afirmar que Ms. E es un amor y de que se queja casi siempre con razón porque pienso que sufre también en silencio pero por no preocupar a veces de más prefiere ocultarlo,. Y es ahí donde entramos nosotros en juego para apoyar y restar importancia a cosas que no la tienen y que a veces nos empeñamos en que sí.
Para concluir, me encantaría saber, y sí, me considero un cotilla empedernido, si vosotras habéis padecido alguno de estos síntomas mencionados. De lo contrario, ¿cuál o cuáles? 
Un abrazo,

 

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