He creído necesario volver a entrar en el confe para desahogarme porque estoy viviendo unos días de desconcierto total y nada tiene que ver en ello Eurovisión o las Elecciones autonómicas, ¡más quisiera!. Quienes nos sigáis por las redes sociales probablemente ya sepáis a estas altura de qué quiero hablaros hoy. Pero para poneros en situación os voy a contar toda la historia desde el principio para que, si podéis, me expliquéis porqué tengo estos sentimientos encontrados que no se me van de la cabeza. Porque salir de la consulta de tu ginecólogo con un volante para la unidad de fertilidad cuando iba a por una míseras pastillas para mis atroces dolores de regla, me dejó en aquel momento totalmente confudida.

Empecemos por el principio. Toda esta historia comenzó con mi última regla, la del sexto intento. Por si aún no lo sabéis tuve unos dolores que casi hacen que perdiera el conocimiento, así que decidí hacer una consulta ginecológica. Pedí hora y el día 21 de mayo me presenté a mediodía. Antes de entrar a la consulta del médico me da cosilla, en el fondo soy muy vergonzosa. Vamos, que me suelo poner nerviosilla, no lo puedo evitar. Cuando me llamó la enfermera, ya pasada la hora de la cita, me atendió mi gine, un hombre agradable que pregunta lo justo y necesario y que trata con educación. Al grano, le comenté lo de mis dolores menstruales y me dio medicación aunque estaba un poco extrañado y esta fue la conversación:
G: “¿Tú no estabas buscando familia?”
Yo: “Sí”
G: “Y cuánto tiempo llevas?”
Yo: “Pues siete meses”
G: “¿Quieres que te derive a Fertilidad?
Yo: ….. No supe qué contestar y mi cara debió ser un poema. No puedo disimular.
G: “Te voy a hacer el volante para Fertilidad. Así entrarás en un protocolo y valorarán si hacen algún tipo de prueba“.
Yo: …. Yo me quería morir, no me lo esperaba, no sabía qué decir, me hablaban y no entendía nada.
G: “¿Qué tal va tu tesis?”
Yo: “Pues va muy bien” ¡Mentira! pero es lo único que atiné a decir.

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 Salí de la consulta a toda mecha, tanto que me dejaba a mi suegro allí sentado ya que él me había acompañado. Al empezar a bajar las escaleras me derrumbé, me puse a llorar como una niña pequeña, desconsolada, sin saber muy bien qué había pasado allí dentro. No cabía en mi cabeza que si tanto él, como nuestra médico de cabecera nos habían dicho que mínimo un año o año y medio era normal, nos hubieran derivado ya a fertilidad. Menos mal que estaba acompañada porque sino hubiera sido más traumático aún.
Y aún ahora, escribiéndolo, me entran ganas de llorar. Supongo que será porque cuando ya habíamos aceptado que esto iba para largo y que debíamos ser pacientes, de pronto te cambian los planes. Y si soy sincera, no sé si tengo ganas de empezar con pruebas. No sé si quiero saber. ¿Por qué cuando tu mente asimila, se adapta a la situación, se produce un giro inesperado? Y ya sé que es para bien, y que así adelantamos tiempo y todo eso. En ese sentido lo veo yo también positivo. Pero para mí, que ha sido complicado asimilar que el proceso iba para largo, que no podía estar pensando todo el día en ello… Ahora resulta que van y me cambian los planes. Para mí ha sido un golpe duro, porque en cierto modo se me ha empezado a resquebrajar toda mi composición mental. Y seguro que en un futuro me río de todo esto, pero no puedo evitar tener esos sentimientos encontrados.
Pero sé, que en el fondo soy una afortunada y será cuestión de tiempo, nuevamente, que consiga incorporar esta nueva variable en mi construcción mental. Mientras tanto seguiré intentando disfrutar de cada momento, de cada mes, de cada semana, de cada día, de cada minuto y de cada segundo. Esto no nos va a impedir seguir siendo felices, pero sí quizás replantearnos las prioridades. Necesito tiempo para respirar, olvidarme de que estamos buscando algo, porque no seremos nosotros quienes le encontremos sino que será ello quien llegue a nosotros.
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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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