Esta tercera parte de mi rincón de confesiones y desahogos va dedicado para mi síndrome premenstrual (a partir de ahora abreviado a SPM). Estoy verdaderamente asqueada de que mi cuerpo sea tan sintomático, porque me paso los ciclo menstrual que mejor me ahorro los adjetivos calificativos. Pero hoy os hablo de un momento muy determinado, justo los días que preceden a la R. Esos días en que, cada mes ya durante muchos años, sabes que te está llegando la de rojo.

Y es que se repiten, la mayoría siempre. El SPM en cada mujer es diferente, yo os cuento cuáles son mis síntomas porque es algo que detecto a la perfección después de llevar dieciséis años largos con mi amiga, que ahora es enemiga potencial. ¡Qué le vamos a hacer si hay una delgada línea entre el amor y el odio!. A lo que iba, estos son mis síntomas:
  • Revolución hormonal que provoca cambios de humor inóspitos y de todo tipo. Hay meses en los que unos días antes me altero mucho y otros en los que lloro por cualquier cosa. Y cuando digo cualquier cosa es cualquier cosa. Que hace sol, lloro. Que veo un coche verde, lloro. Vamos, un derroche de pañuelos de papel total.
  • El estreñimiento es otro de los ragos de mi SPM. Además puedo estar dos o tres días sin aparecer por el baño para hacer necesidades mayores. Y eso que como alimentos ricos en fibra y un kiwi todas las mañanas.
  • El clásico sofoco no suele fallar. Mi termostato, cuando está a punto de venir la R, se fastidia y tengo unos cambios de temperatura que ríete de la menopausia. Vamos, que creo que no notaré mucha diferencia.
  • Tengo la boca reseca. Necesito beber mucha agua pero tengo retención de líquidos con lo cual a veces parece que llevo un botijo incorporado en mi tripa.
  • Algún dolorcillo reglero. Y digo dolorcillo porque es una cosa suave, incluso me atrevería a decir que es tierna. Porque cuando llega la R, aquello es una bestia parda.
  • Algunos meses se me afloja la vejiga y voy a hacer pipí muy a menudo.
Vamos que no tengo desperdicio y claro, ahora que estamos buscando el bebé y llegan los días previos digo: “Voy a fijarme en los síntomas“. Pero, ¿qué síntomas muchacha? Si es que más parecidos no pueden ser. Pero claro, una que es una inocente aunque va viendo que todos los síntomas del SPM van apareciendo todavía piensa “oye, que igual es porque hemos acertado“. Definitivamente soy muy inocente, lo reconozco. Pero oye de ilusiones nos alimentamos y “hasta que no baje” no hay nada perdido.
Definitivamente creo que tengo un cuerpo desagradecido porque, aunque es muy escandaloso, no me da pistas claras de nada y me tiene toda intrigada. Casi casi como en el sorteo del Gordo de Navidad, que siempre tienes la esperanza de que te va a tocar algo y luego nada de nada.

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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