Esperamos no tener que escribir muy a menudo en esta nueva sección que estrenamos hoy. Hoy hablamos de mí, Ms. E y las últimas visitas al ambulatorio. Algo ya he ido contando por las redes sociales sobre lo que me ha estado ocurriendo y aún estoy cautelosa porque aparece en cualquier momento. En este espacio cabe el buen humor, la ironía y el desahogo ante hechos y situaciones que al final hacen que uno cada vez confíe un poquito menos en sus médicos de cabecera.

 

Pues empezamos por el principio y nos remontamos al día 23 de diciembre de 2014 cuando empiezo a notar que me pica la piel y tengo alguna que otra rojez en un codo. Me olvidé del tema pero el día 25 de diciembre, después de una rica y suculenta cena de Nochebuena tenía en codos y rodillas rojeces. Extrañada porque no recordaba que me hubiera pasado algo similar nunca, fue a mi médico de cabecera el día 26 de diciembre. Afortunadamente no había hecho puente así que allí estaba toda amable recordándome el motivo de mi última visita allá por abril. Me miró y me dijo que era una erupción pruriginosa y que el motivo podía ser cualquier alimento o medicamento. Yo le advertí que estamos buscando familia y que el día 20 había empezado a tomar Yodocefol por segundo mes (mi ginecólogo me dijo que alternara mes sí y mes no). Me dijo que si el primer mes que lo tomé no me había hecho reacción que lo descartaba. Me recetó un antihistamínico suave que no produce somnolencia y compatible con un posible embarazo.

 

La cosa en vez de mejorar en los días posteriores y ya con el tratamiento se fueron extendiendo y haciendo más numerosos los enrojecimientos. Eso sí, aún estaban bastante concentrados en codos y rodillas. Con este panorama decidí llamar a atención sanitaria telefónica y me recomendó acudir a mi centro de salud que estaba “abierto”. Cuando Mr. D y yo llegamos a la puerta se nos quedó una cara de palurdos leyendo que teníamos que acudir al pueblo de al lado para ser atendidos. Así que cogimos el coche y nos plantamos allí. El médico que me atendió dijo que no era una reacción alimentaria porque sino me hubiera salido por la zona del escote y me dijo que era liquen plano. Que no tiene tratamiento concreto y que tal como aparece se va. De hecho me animó a beberme una copa de champán después de las campanadas. Me dijo que siguiera una semana más con el tratamiento que me había dado mi doctora.

 

Pasaron un par de días y aquello empezaba a extenderse desde los pies hasta las nalgas y desde los brazos a las manos. Así que me armé de valor y el día 5 de enero volví a donde mi chupi doctora de cabecera para comentarle que aquello era un horror y me dice:

 

 “Ah! Viniste el 26 de diciembre pero no tengo nada apuntado. Claro es que no se veía (se veía a la perfección porque a ver sino porqué me dio un diagnóstico) pero esto no es liquen plano, esto es una urticaria y las erupciones se llaman habones. Te voy a dar un listado con pautas a seguir pero esto vas a tenerlo durante varias semanas. Termina de tomarte la caja y si ves que no va a mejor te doy volante para el alergólogo aunque no creo que te vaya a hacer ningún tipo de pruebas por ser la primera vez“.

 

Mujer, lo de la primera vez es relativo cuando yo soy alérgica diagnosticada (eso sí, por privado) y asmática crónica. Pero para el caso debe ser algo novedoso para la SS porque mis padres se dejaron un pastón en un alergólogo privado y bien que me he tenido que vacunar de pequeña y gracias a ello tengo una decente calidad de vida.

 

En fin, que me he tomado una caja de antihistamínicos y a ver si suena la flauta. No obstante, el día 13 de enero (no sé si debido a un mal de ojo o que era martes y 13) me levanté con el labio inflamado y un dolor de orzuelo en la zona de la ojera del ojo derecho y ya estaba asustada porque entre la R, la urticaria y esto he estado a punto de meterme debajo de la mesa de la cocina y no salir en todo el día de casa. El caso es que al dejar el Yodocefol, ese mismo día noté que me habían brotado muchos menos “habones”. Pero ya tengo mis dudas, porque al final de la semana pasada han vuelto a reaparecer y yo ya paso de tomarme nada. Si veo que no se va por donde ha venido pediré cita con el alergólogo pero quizás sea tema de ansiedad porque el sábado me dio un pequeño ataque gracias a un conductor inexperto que casi nos da y un francés que ya se podía haber quedado en su casa.

 

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Sobre Esther Beralgo

Soy Esther, maestra y pedagoga de formación, e investigadora de profesión. Me topé con la infertilidad a los 28 años. Soy madre, gracias a la reproducción asistida, de una niña que decidió llegar el 1 de enero de 2017 a nuestras vidas.

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