Para poder introducir este post es necesario hacer ciertas aclaraciones. Tras haber acudido a los encuentros pre-matrimoniales antes de nuestra boda (la cual fue religiosa), en el mes de diciembre recibimos una llamada de una de las personas que dirigió dichos encuentros. No pudimos asistir a una reunión anterior que se celebró en noviembre, por motivos personales, pero a ésta, en concreto, no queríamos faltar. Nos picaba la curiosidad de cuál sería la temática, qué es lo que querrían decirnos, y cuál era su finalidad. La cita era de tarde-noche y en el mismo lugar que hicimos los cursos pre-matrimoniales.Vaya por delante, que no somos cristianos practicantes, sino más bien “creyentes“.

Llegamos puntuales pero no esperábamos llegar de los primeros. Allí fueron llegando parejas de edades dispares, de nacionalidades distintas, algunas conocidas de los encuentros anteriores y otras, en cambio, nuevas. La charla comenzó con la presentación de una pareja que venía invitada por el matrimonio organizador, y la cual consideraban nos iba a ser de gran ayuda. El testimonio de todas las parejas nos hizo ver que no sólo somos nosotros los que tenemos unas preocupaciones concretas sino que es algo generalizado y que son etapas de la vida que hay que ir pasando.
Comenzamos la sesión con una presentación breve de cada uno de nosotros por parejas, para seguidamente, presentar a la pareja al resto del grupo. La cuestión no era acordarse de todo lo que había contado la otra pareja, sino de conocernos. Una vez finalizado este punto, y ya habiendo roto un poco el hielo, nos explicaron brevemente en qué consistían las reuniones. Nos repartieron una hoja con los temas a tratar (muy actuales por cierto), y nos mencionaron que aquello no era más que una excusa para reunirnos todos y contar todo aquello que nos preocupaba, nos daba miedo, vértigo u lo que sea de la vida en pareja, y entre todos, buscarle la mejor solución posible y animarnos los unos a los otros. Sé que desde fuera y comentado de esta forma, puede parecer algo sectario, pero a nosotros, al menos, no nos lo han hecho sentir así.
Pensamos que hay momentos para todo en la vida pero un momento para nosotros, ¿cuándo lo tenemos en realidad?. Se trata por ello, no sólo de desahogarse y de expresar lo que uno siente en cada momento, sino de reflexionar, de dedicarse un momento para uno mismo (bien en silencio, bien en pequeño grupo) de conseguir respuestas y de dialogar tranquilamente con la otra persona, algo que no estamos muy acostumbrados últimamente, bien por falta de tiempo o bien estar acomodados.

En conclusión, la toma de contacto con el pequeño grupo fue muy positiva para nosotros, nos valió de mucho y pensamos que los males compartidos son males menores y que todo lo que preocupa a las parejas allí presentes son cosas muy parecidas a las que podemos sentir nosotros día a día. Por ello, animamos a todas aquellas parejas a que si tienen oportunidad de asistir a uno de estos encuentros, no se lo piense y acuda, que no es lo que parece y que se puede aprender mucho. 

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